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María Valcárcel

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Enfocar desde lo que duele

Título: Z: El principio de todo.
Creadoras: Dawn Preswitch, Nicole Yorkin.
Reparto: Christina Ricci, Gavin Stenhouse, David Strathairn.
Cadena: Amazon.
Calificación: ●●●○○

Z: El principio de todo es una serie estrenada en Amazon que narra los primeros años de la vida de la pareja Zelda Sayre y Scott Fitzgerald, su relación turbulenta y los conflictos internos que cada uno vuelca en el otro, generando más desequilibrio a una ya inestable unión. Si bien ella es el centro de la narración, no es hasta su encuentro con él cuando comienzan a revelarse todos las claves de una personalidad, cuando menos, inconformista. Las convenciones de la época (principios de los años XX) no se adecuaban al espíritu libre que Zelda quería ser.

Estos diez capítulos de la primera temporada no van mucho más allá de la historia de un matrimonio concreto en un entorno determinado, matrimonio explosivo, en muchos planos, y entorno propicio, en muchos sentidos. Podemos verla como se ven otras historias que, ni están exactamente mal contadas ni mal realizadas, sino que son una más, de tantas. En principio, la serie se queda ahí. Si buscamos algo más es porque daría para algo más. Tenemos un espacio repleto de puntos de fricción, abarrotado de tramas en punta, muy afiladas, que no solamente son capaces de cortar y romper, sino también de destrozar y hasta hacer desaparecer.

Zelda, la rebelde y Scott, el ambicioso, son apenas los calificativos emergentes. Lo que hay debajo, lo que respira en lo oscuro, es lo que la serie no cuenta, en lo que no se para. Zambullirse en la catástrofe es tan arriesgado como fascinante, pero no deja de ser una elección. De cómo Zelda Sayre, con todas esas ganas de vivir una vida plena, verdadera —ya saben, esa pulsión que arrastra sin medida— es internada en un sanatorio mental y muere en un incendio acaecido entre esas paredes, puede resultar una historia trágicamente atractiva. Dentro de ese círculo existencial tenemos luchas emocionales, deseos no realizados, delirios varios, de grandeza, de pequeñez, enormes problemas y detalles sin importancia disfrazados de pregunta esencial.

De cómo vivir y de cómo vivir con alguien que, a su vez, crea y alimenta su propio círculo tormentoso y repleto de altibajos —el todo y la nada en un viaje revolucionario, sí, pero destructivo—. Podían haber sido muchos y diversos los enfoques de esta serie; pienso en Camille Claudel, 1915, esa película del director francés Bruno Dumond, en la que Juliette Binoche encarna la tragedia de una vida desperdiciada, incomprendida, inútil, perversa. Ese ángulo es la elección de quien decide contar la historia de alguien desde ese punto exacto y, a partir de ahí, tirar del hilo, trazar tramas, explicar —o tratar de hacerlo— los porqués haciendo más y más y más preguntas. Zelda, salvando las distancias, es una Camille de los locos años veinte que, entre baile y alcohol y amor y deseo, asiste sin poder hacer nada al asesinato de ese rapto creativo, que siempre tuvo y que no supo controlar.

Entre el exceso y el vacío se mueve su existencia, en un constante arrebato de júbilo, éxtasis y depresión. El contrapunto es Fitzgerald, que no hace sino contribuir a un destino fatal. No hace otra cosa que alimentar al monstruo. Al final, en la distancia, todo adquiere un sentido que no tuvo en el momento, en ese tiempo de locura de un vivir atravesado por amenazas de muerte a la creación, al éxito, a la ambición, a una plenitud que se escapaba, repetida y cruelmente. Pudo ser de otra forma. Pudieron, el jazz, la literatura y el ingenio, haber dado otra criatura. Pero no fue así. Nos quedamos con este trayecto leve, poco sinuoso, poco arriesgado, que nos ofrece la serie. Y podemos imaginar más, otra cosa, otra vida.

Del corazón, pero en cool
Lo confieso, cuando voy de viaje veo Divinity en momentos perdidos. Nunca se sabe lo que se puede aprender mirando en las cavernas. Lo que vi estos días fue un programa de los llamados del corazón, pero, como decirlo, moderniqui, un poco de sabes, bonita, y un poco de verdulerismo al uso.

Que un grito de aquí, que otro de allá, hija, para darle más glamour y subir audiencia, que la cosa está por los suelos. 'Cazamariposas' se llama. Ay, lo vi enterito y de lo que me enteré.

ítulo: Z: el principio de todo. Creadoras: Dawn Preswitch, Nicole Yorkin. Reparto: Christina Ricci, Gavin Stenhouse, David Strathairn. Cadena: Amazon. Calificación: ●●●○○

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