Zona Franca

Julián Rodríguez

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¿Una Galicia sin Cataluña?

La independencia tendría su coste fiscal: 15.000 millones al año en España y mil en Galicia

MUY POCO se ha escrito, y en cambio sí mucho fabulado, sobre el impacto real en la economía de ese recorrido imposible que es la independencia de Cataluña, una alucinación, a ojos del común de los españoles y la mitad de los catalanes, pero un sueño compartido instalado en la sede de la Generalitat que apoya la otra mitad y que tiene en vilo a toda España. La cuenta atrás del referéndum ilegal convocado por el Gobierno de Puigdemont quizá sea momento más que oportuno para reparar en las consecuencias, al menos fiscales, que tendría un proceso de independencia, tanto para Cataluña como para España. Y también para Galicia. ¿Por qué no?

De ello se han encargado dos académicos gallegos, que ya en 2015, cuando comenzaba la deriva del iceberg, abordaron con toda su crudeza el problema, llamando a las cosas por su nombre. Y aludieron a las consecuencias de esa independencia. También a las de un pacto fiscal en toda su dimensión, estableciendo para Cataluña una suerte de cupo, al estilo vasco, y la alternativa de una reforma de mínimos, para mantener el statu quo territorial. Los tres escenarios sobre la mesa. Esas fueron las variables analizadas por dos especialistas en financiación autonómica: Santiago Lago, director del Foro Económico de Galicia y ahora "sabio" propuesto por la Xunta para el estudio de la reforma del sistema, y el socialista Xoaquín Fernández Leiceaga, en calidad del profesor de la Universidade de Santiago, ahora embarcado en la batalla interna por liderar el PSdeG. Los resultados de aquel análisis son reveladores. Y tienen especial vigencia en estos momentos.

Empezando por la conclusión: la independencia de Cataluña detraería entre 11.000 y 15.000 millones de euros de las cuentas públicas españolas cada año. Para Galicia, significaría, ceteris paribus, es decir, en un supuesto en el que todas las variables que pueden afectar permanecieran constantes, se reduciría la entrada de fondos entre 800 y 1.100 millones de euros.

Es cierto que la eventual independencia provocaría efectos económicos de amplísimo espectro, como recuerdan los autores, que bien podrían pivotar, por ejemplo, sobre los intercambios comerciales (el efecto frontera) y de capitales, sobre los flujos de personas, sobre la estructura corporativa de las empresas ("¿onde situar as oficinas centrais ou o domicilio social? ¿crear unha división para o territorio catalán?", se preguntan), y sobre la financiación de un sistema, recuerdan Lago y Fernández Leiceaga, que "mostra uns resultados globalmente razoábeis, aínda que con excepcións singulares como as das comunidades forais".

Para ambos expertos, ni tan siquiera la propuesta de un pacto fiscal a la vasca sería viable ni solidaria. Sobre este escenario, Cataluña recaudaría todos los impuestos, entregando una cantidad en pago por los servicios que presta el Estado a sus ciudadanos. Podría, o no, incorporar una cuota de solidaridad. Pues bien, ese pacto fiscal que tan lejos queda ahora, a las puertas, como estamos, de esa convocatoria de referéndum, reduciría el impacto (esos 15.000 millones anuales para España y hasta 1.100 millones para Galicia) en un 30%, aproximadamente. "Cataluña seguiría contribuíndo ao financiamento das cargas comúns e á Seguridade Social, pero feriría de morte o conxunto do modelo territorial español, ao introducir unha lóxica de territorialización dos recursos contraria aos principios do modelo constitucional vixente", concluyen.

Volvamos a la independencia. A corto plazo estaríamos peor todos, tanto los españoles como los catalanes, aseguran de forma categórica los autores del informe del Foro Económico. El juego de la independencia no es de suma cero. Presenta pérdidas en todos los casos. Y eso que, tras la última reforma del sistema, en 2009, Cataluña , como Madrid o Baleares, ha obtenido del sistema de financiación los mismos recursos que se derivan de sus necesidades de gasto. "Non está en absoluto discriminada, pero tampouco obtén ningún beneficio adicional da súa maior capacidade tributaria por habitante", explican, derivada de su mayor nivel de renta. Y aquí subyace uno de los problemas de fondo.

Cataluña, que inicia ahora una inflamable semana, representa el 18,9% del PIB español, con datos del Instituto Nacional de Estadística de 2015. Es la comunidad con mayor peso, ligeramente por encima de Madrid (18,8%), por la mínima, y muy lejos del 5,2% que aporta Galicia. Sea cual sea el escenario a partir del dos de octubre, haya referéndum o movilización, debe existir el camino para un acuerdo territorial estable en España. La cuestión es hallarlo. De lo contrario, el fracaso será colectivo.

Uniqlo, tras la senda del "tozudo" Ortega

INDITEX ha presentado esta semana sus resultados semestrales. Nada nuevo bajo el sol, excepto el recelo de los inversores, que inicialmente castigaron el valor en Bolsa porque esperaban más. También por cierta ralentización en el beneficio frente a un 2016 extraordinario. El crecimiento es sostenido: las ventas suben un 11%, hasta los 11.671 millones. Y el resultado neto firmó un alza del 9%, unos 1.366 millones. Sin embargo, Zara no ha sido noticia esta semana exclusivamente por lo que hace, sino por lo que dicen de ella, y de su fundador, sus grandes rivales. Sin ir más lejos, la japonesa Uniqlo, que aterriza en España.

Tadashi Yanai, que así se llama el fundador de Uniqlo, el hombre más rico de Japón, advierte: "Nosotros no competimos en precio, lo hacemos con ropa que antes ni siquiera existía. Alta calidad a precios asequibles. Queremos competir en calidad y producto, no en precio". Hasta aquí, las diferencias con el gigante textil gallego. Porque Uniqlo no disimula que sigue la senda de la multinacional de Amancio Ortega, y se ha puesto el 2020 como fecha en el calendario para alcanzar en tamaño a su rival. "Puede ser difícil, igual no lo conseguimos, pero mi sueño es superar a Inditex en el futuro. No importa cuánto se tarde". Para Yanai, resulta un honor que le comparen con Ortega, "debe ser tan tozudo como yo", confesó a los medios en la apertura de la primera tienda de Uniqlo en Barcelona. Ortega y Yanai practican el mismo deporte, pero lo entienden de forma distinta. Uniqlo se acerca a Inditex con unas ventas de casi 15.000 millones al año, solo por detrás del grupo gallego y de H&M.

Ángel Ron: El ejecutivo abonado a las ampliaciones suicidas del Popular
LA Fiscalía Anticorrupción se ha mojado en la crisis del Popular y pide en la Audiencia Nacional que sean admitidas a trámite las querellas contra la antigua cúpula del banco. Destaca como nombre propio Ángel Ron, a quien los fiscales piden que se investigue. Y también a su consejo de administración. El ejecutivo compostelano, que anunció su marcha en diciembre de 2016, y que está enfrascado en los últimos meses en defenderse atacando a sus sucesores en el banco, tiene todas las de perder. Porque fue él quien inició ese camino sin retorno que representaron las ampliaciones de capital para sanear un balance dinamitado por las provisiones derivadas de tanto ladrillo que tuvo que asumir. La última ampliación, de unos 2.500 millones, fue la más controvertida, pero no la única en los últimos años. La carrera suicida de Ron logró el fatal objetivo: tumbar al banco. Lo suyo no pinta nada, pero que nada bien.

Emilio Saracho: El banquero que peor calculó la crisis y dejó paso al Santander
PASABA por allí. O casi. Sin embargo, Emilio Saracho grabará su nombre en la historia financiera de este país por haber entregado el Banco Popular al Santander, después de unos meses, no más de tres, en los que pilotó una deriva desde la presidencia, en la que sustituyó a Ángel Ron. Saracho, banquero de inversión, alérgico al negocio comercial, llegó en el peor momento y su efímero mandato solamente se vio alterado por sus recurrentes declaraciones públicas, que acabaron por alentar una fuga de depósitos masiva que representó la puntilla final. Los fiscales de Anticorrupción también quieren a Saracho en el banquillo de la Audiencia Nacional. Poco pudo firmar durante el tiempo que ocupó la presidencia, para acabar como un púgil noqueado y solo que sabe desde el minuto uno que el combate está perdido. Tiene menos que perder que Ángel Ron.

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