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Montañas de felicidad en Asturias

Santa Eulalia, San Martín y Villanueva de Oscos proponen un viaje exterior e interior, un cambio de chip gracias a una exuberante naturaleza y a la vida ‘slow’

Hórreo típico de Asturias. SEBAS SENANDE

Hórreo típico de Asturias. SEBAS SENANDE

LILAS Y AMARILLOS, uces y toxos alfombran las primeras montañas que más tarde darán paso a la orografía vertical de Oscos, una comarca del Occidente asturiano acaudalada en paisaje, naturaleza, patrimonio, oficios e historia. Una biografía cuyos habitantes, unos 1.200 entre los concejos que la forman —Santa Eulalia, Villanueva y San Martín— espabilan con trabajo e ilusión.

El rey Felipe VI, acompañado de Doña Letizia, entregó el paso 22 de octubre a esta comarca el premio de Pueblo Ejemplar de Asturias en reconocimiento a los esfuerzos de estos tres municipios.

Tras el declive económico y la despoblación del XIX, el asociacionismo ha contribuido en las últimas décadas al despegue y auge del turismo, lo que a su vez ha impulsado la recuperación de abundante patrimonio cultural y la rehabilitación de casas para su uso como alojamiento rural.

El mayor reclamo de la zona es su tesoro natural. Junto a los municipios de Castropol, Taramundi, San Tirso de Abres y Vegadeo, la comarca asturiana conforma la Reserva de la Biosfera de Oscos-Eo, declarada como tal por la Unesco en 2007, convirtiéndose en la primera comunidad calificada con esta consideración fuera de la red de espacios naturales protegidos. Tiene la particularidad, además, de ser la primera que es compartida por dos comunidades autónomas, Asturias y Galicia.

Esta Reserva abarca siete municipios asturianos y aglutina en total unos 1.600 kilómetros cuadrados, en los que viven aproximadamente unos 34.000 habitantes. Son territorios unidos y ligados por el eje fluvial del río Eo y su desembocadura.

En su declaración como Reserva de la Biosfera, la Unesco reconoce la labor de los vecinos de la zona a favor del desarrollo sostenible, que favorece el crecimiento respetando la conservación de los paisajes, los ecosistemas, las especies y la diversidad genética. Se trata de un paraje enmarcado en territorios que han sufrido a lo largo de siglos consecuencias del aislamiento secular, pero que ha sido capaz de superar gracias al buen aprovechamiento de oportunidades para el desarrollo de proyectos pioneros en el ámbito internacional, de sostenibilidad y de turismo rural; todo ello, unido a sus valores naturales y medioambientales, a sus valores paisajísticos, a sus actividades económicas y a su patrimonio cultural y etnográfico ha permitido que esta zona pueda seguir avanzando en el progreso y desarrollo ordenado y sostenible.

Keiko Shimizu, oriunda de Japón —en algún punto entre la frontera de Tokio y Chiba—comenzó a viajar a Oscos en 2005, animada por la información que encontró en un folleto. «Vi las historias de herreros y todos mis antepasados se dedicaban al metal, así que me interesó mucho», explica en su tienda-taller de Santa Eulalia de Oscos, que regenta junto a su marido, el vallisoletano Jorge Román Toquero, dedicado al oficio de navajero y con quien contrajo matrimonio en 2010.

Su primer viaje lo realizó en ese 2005 y entró en contacto con el oficio, aunque reconoce que, de entrada, no le entusiasmó. De hecho, ahora puede permitirse realizar sus esculturas en metal inspiradas por las pinturas rupestres del norte de España, motivos que le fascinan.

Keiko recuerda que lo que más le sorprendió al establecerse fue el trato, la comunicación con el resto del pueblo. «A mí me veían con mi cámara y en todos los sitios me paraban y me decían: ‘Ven, toma café, come chorizo’», cuenta entre risas. «No conozco otro sitio así, tan acogedor».

En 2011 nació Ayako, su hija, a través de la que, reconoce, «también voy aprendiendo más sobre la vida de aquí». Hace una semana que las dos viajaron a Japón «para no perder el contacto con la familia », agrega.

Sobre la marcha del negocio, afirma que «vamos aguantando con las navajas, sobre todo en épocas como Semana Santa y vacaciones, cuando hay más gente, porque mis esculturas se venden más lentas», sonríe.

FUNDACIÓN. El medio natural de la zona, con frondosos bosques, y la abundancia de agua, favoreció el establecimiento y desarrollo de una pujante industria de la fundición durante el siglo XVII, que lamentablemente empezó a decaer en el último tercio del siglo pasado. Un recuerdo de aquella brillante época es el Mazonovo, antes de llegar desde Galicia a Santa Eulalia, restaurado de manera integral.

También en el municipio de Santa Eulalia, merece una parada histórica la casa natal del Marqués de Sargadelos. En el siglo XVIII, esta vivienda de Ferreirela de Baxo albergó a don Antonio Raimundo Ibáñez, marqués de Sargadelos. Restaurada y dedicada a museo, introducirse en ella lleva aparejada la obligación de profundizar en su vida, dedicada a conseguir aquello que más apreciaba: poder y riqueza.

Una habladuría popular le tacha de llevarse con él a la tumba no solo el secreto de la fabricación de la famosa loza, sino también el lugar donde guardaba todas sus riquezas. Nadie lo sabe, pero sí se cuenta que un espíritu vaga por la casa donde un hombre de origen francés moriría aferrado a los tesoros que el marqués le pidió que custodiara.

Como de leyenda, por su magia, esta vez natural, son las rutas de senderismo que ofrece toda la comarca. Por ejemplo, desde Santa Eulalia parten la Ruta Mina As Talladas, la Forcón de los Ríos, la Ruta de la Coba y la de la Seimeira. Es preciso informarse detalladamente sobre sus características, porque el propio terreno hace que su dificultad sea media-alta en la mayoría de casos.

Con ruta o sin ella, antes de seguir la visita, el viajero puede disfrutar con otro de los grandes atractivos de la comarca, su gastronomía. El caldo de nabizas es uno de los manjares tradicionales que definen a esta cocina, sin olvidar los callos de ternera con garbanzos, el compango, y los
productos de cerdo en general. La miel autóctona de brezo, el arroz con leche y los freixolos o frisuelos son un trío perfecto para el postre.

A unos nueve kilómetros de Santa Eulalia, llegamos a Villanueva de Oscos. La villa se aglutina en torno al impresionante Monasterio de Santa María, del que se puede visitar la iglesia y el claustro.

La localidad de Santa Eufemia acoge el Ecomuseo del Pan, donde nos recibe Elena Amor Fernández, guía de las instalaciones... y un poco de todo. El museo muestra el ciclo completo de su elaboración, desde la plantación del cereal al amasado y la cocción en el horno de la casa, pasando por la recogida, el almacenamiento y la molienda.

HOMENAJE. Elena va un poco más allá y considera que las instalaciones son un recuerdo y un homenaje al duro trabajo y esfuerzo de todos los núcleos rurales que durante mucho tiempo vivieron aislados y «cuyo alimento básico entonces era el pan», subraya.

Un molino, un hórreo, los hornos, las palleiras.... Casi todo al aire libre —también hay salas con útiles relacionados con la labranza y el pan— propone un recorrido que atrae tanto a pequeños como a mayores. Por el Ecomuseo del Pan pasaron en 2016 unas 3.100 personas y las visitas se duplicaron de 2014 a 2016, según explica la guía.

Quien lo visite en sábado tendrá además la oportunidad de asistir a la demostración en vivo de la elaboración del pan, que después podrá llevarse a casa. Una, sin duda, deliciosa propuesta etnográfica.

Junto al museo, la Casa de Turismo Rural Santa Eufemia, con su terracita frente al río, donde en el año 2007 pasó sus vacaciones el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, recuerda Elena, sumando otro ilustre a la lista de visitantes populares de la encantadora Oscos.

Con abundante información proporcionada por Elena, y con la promesa de volver, nos dirigimos a San Martín, el último pueblo de este triángulo mágico.

En la plaza de la villa comparten espacio el Palacio de los Guzmán, de portada barroca; el hórreo de Curón, de cubierta vegetal, y la amplia iglesia porticada.

Muy recomendable es la visita en Vilarquille, aproximadamente a 4 kilómetros de San Martín, a la Casa del Marco, museo de la casa campesina, un ejemplo de casa tradicional en la que se recrea la forma de vida en la comarca hasta mediados del siglo XX.

Otros lugares de interés son los pueblos de Soutelo, Piorno y Mon, donde el visitante encontrará el mejor ejemplo de arquitectura nobiliaria de toda la comarca: el Palacio de Mon.

Pero si lo que usted desea es una actividad más participativa para estas vacaciones de Semana Santa o ya quiere planear las de verano, Oscos ofrece alternativas interesantes como fines de semana de ‘desconexión’ en los que practicar terapias como yoga, ‘mindfulness’, meditación, paseos a caballo
o rutas de senderismo.

Puede encontrar más información en www.egoturismo.com o en el teléfono 606.91.42.10. Otra posibilidad son los cursos y actividades de verano, dirigidos a niños y adultos, en los que vivir una experiencia diferente a través de la artesanía, aprendiendo a elaborar cestas, velas o jabones, cerveza artesanal... La propuesta incluye catas y masajes shiatsu (artesanamente.es/676814094). En definitiva, un viaje exterior e interior para sentirse bien.

Porque de lo que se trata en Oscos es de ser feliz. Manuel y Ana María lo son. Este matrimonio natural del pueblo de Barreiras (Santa Eulalia), donde han pasado toda su vida, no entienden de aburrimiento ni de aislamiento ni de angustias, males tan propios de la urbanidad. Él cumple 90 años el 15 de junio y ella celebró su 79 aniversario hace hoy dos semanas.

Son los dos únicos habitantes que quedan en Barreiras, un pueblecito con calles empedradas y muros donde se muestran diferentes piedras talladas a mano. Manuel y Ana María se dedicaron toda su vida a la labranza y la ganadería y aseguran no tener un minuto de tiempo libre al día. Se enorgullecen de plantar y criar lo que comen, vamos, de tener el supermercado en casa: «Por eso llegamos a esta edad», dicen riéndose. Y si les falta algo en la despensa, siempre pasa el pescadero, o el panadero. «Y eso que antes hacíamos el pan en casa, pero ahora yo ya no puedo por los huesos», dice Ana María. «Sí, como las empanadas de mi mujer no las hay», piropea Manuel.

Lamentan que el pueblo se haya vaciado, pero ellos se llevan bien. «El secreto de un matrimonio es no reñir», atajan. Ana María tiene colgado en el pasillo un cuadro con un fotomontaje en el que se la ve en una demostración de hilanderas durante las visita de los Reyes. «Ella es muy guapa, muy simpática y muy agradable. Los dos», recuerda.

Luce el sol fuera de la casa familiar. Un perro blanco y negro de nombre Nico y cinco gatos son la compañía de estos ya bisabuelos encantadores, «a la espera de tataranietos», bromean.

Manuel confiesa que le soprende mucho que siempre le hagan la misma pregunta. «¿Y no se aburre?». En cambio, disfruta conversando con esos turistas «de Madrid, cansados del asfalto», que «ven que esto es una maravilla, que les gusta el río, la naturaleza, que no haya ruidos de coches, de aviones...». «Con esos sí es un gusto conversar». A esos los entiende.

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