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Paula Cabaleiro: "La gestión cultural es un terreno de resistencia"

Apostó por la industria cultural para iniciar su camino profesional en plena crisis. Hoy tiene numerosos proyectos en marcha por toda Galicia con un fin común: acercar el arte contemporáneo al público

Paula Cabaleiro, delante de la Praza da Ferrería de Pontevedra. DAVID FREIRE

Paula Cabaleiro, delante de la Praza da Ferrería de Pontevedra. DAVID FREIRE

El mal tiempo de las últimas semanas y una agenda muy apretada ha impedido que esta charla se lleve a cabo en el lugar que más inspira a Paula Cabaleiro, Cabo Home. Pero el centro histórico de Pontevedra también es un buen sitio para hablar de arte contemporáneo. "En esta ciudad lo descubrí", confiesa, "el arte contemporáneo es algo tan voraz, tan vocacional y tan emocional que una vez entras en él ya no puedes salir".

Gestora cultural, comisaria, artista, crítica de arte... Paula Cabaleiro es lo que hoy se conoce como una activista cultural, ¿no?

Me han definido como dinamizadora o agitadora cultural y son definiciones que me gustan porque engloban todas las facetas.

Hace relativamente poco que llegó al mundo del arte contemporáneo y ya ha dirigido y participado en numerosos proyectos.

Acabé la carrera de Belas Artes en 2009 y hasta 2010 no terminé de definir cuál sería mi campo profesional, básicamente porque es un terreno bastante complicado.

"El arte contemporáneo es tan voraz, tan vocacional y emocional que una vez entras en él no se puede salir"

2010, en plena crisis, también para la cultura, en general, y el arte.

Sí. En aquel momento las industrias culturales lo estaban pasando muy mal, las galerías empezaban a cerrar, las instituciones estaban recortando muchísimo su actividad... Me costaba entender este sector como una vía profesional para dedicarme exclusivamente a ello. Después del Máster en Museología entré en contacto con los museos, la crítica y el mercado del arte. En 2011 abrí una galería con Beatriz Suárez Saa en medio de la zona vieja de Santiago. En aquel momento todo el mundo lo veía como...

¿...Una locura?

Más que una locura. Casi un suicidio. Las galerías empezaban a cerrar y nosotras abríamos A.deFuga. Pero era el momento en que tenía que empezar, necesitaba trabajar primero los contactos y la visibilidad, algo que no tenía porque en mi familia no hay nadie que se dedique al arte. En esa etapa conocí a muchos artistas emergentes gallegos.

Era una galería distinta.

Sí. Cuando la abrimos sentimos cierto rechazo a nuestro modelo, que suponía el cambio en el galerismo, que es un mundo muy cerrado, muy críptico, con miedo a la diferencia. Nosotras acercábamos el arte al público. Programábamos conciertos, talleres en torno a las exposiciones que teníamos, presentaciones de libros... A lo mejor no íbamos tan mal encaminadas en 2011 cuando montamos A.deFuga, porque ahora muchas galerías siguen ese modelo.

Sin embargo, acaban cerrando.

Cerramos porque el momento económico era complicado. En mi caso, además, estaba trabajando como un satélite alrededor de la galería para poder financiar los gastos que esta tenía. Por otra parte, cuando cerramos nos dimos cuenta de que habíamos generado una comunidad que respondía a unas necesidades de un colectivo, de un barrio y de una ciudad. Entonces, en vez de sufrir un parón cogí el impulso de la galería. Llevo cuatro años trabajando de forma muy intensa. Tenía claro que me gustaba demasiado este sector como para arrojar la toalla. Creo que la gestión cultural es un terreno de resistencia y más en este momento.

"Mi patrimonio no son los pocos euros que gano ni los proyectos, son las personas que hay detrás"

¿Pensó en marcharse fuera?

Mucha gente me lo decía. "Igual tienes más opciones fuera...", pero considero que los gestores culturales tenemos una responsabilidad social también y una responsabilidad con nuestro tejido. Los artistas gallegos ya tienen una complejidad a mayores para mostrar su obra en el mercado nacional por la periferia que supone su ubicación, y en el mercado internacional ya ni te cuento. Si encima las personas que podemos dinamizar ese tejido y volcar el contenido fuera nos vamos, ese tejido se muere. Galicia necesita que los gestores nos quedemos.

En ese momento nacen proyectos como Cuarto Público, que invita al público a participar del arte contemporáneo en la habitación de un hotel.

Sí. De forma directa nace de una experiencia como expositora en Room Art Fair, que es una feria que tiene un modelo muy parecido en Madrid. Fui con la galería, me gustó el modelo y entre Julia Santiso, Patricia Amil y yo pusimos en marcha Cuarto Público, una feria que se puede parecer a otras de España, pero tiene puntos diferenciadores como la colaboración con instituciones, convocatoria de premios en la que se apoya la producción del artista, una financiación mixta... 

Comparte sus proyectos en las redes sociales. Da la sensación de que no para.

Creo que eso también responde a una forma de ser. Un gestor cultural tiene que ser una persona muy viva y proactiva. Tiene que estar todo el tiempo actualizándose, conociendo gente, mimando los contactos... Mi patrimonio no son ni los pocos euros que gano ni los proyectos que hago, son las personas que hay detrás. Generas una red de personas, que en muchos casos, trasciende a la parte profesional y llegan a ser amigos, pero hay una comunidad de personas que alimentan los proyectos de la que aprendes, tanto de los errores como de los aciertos, y al final es tu familia profesional. 

¿Por qué eligió el arte contemporáneo? 

Estudiar Belas Artes me ha hecho una gestora completamente distinta. Hasta tercero odiaba la carrera y es porque el arte contemporáneo supone un revulsivo siempre. Yo encima venía de Bachillerato de Letras y el choque fue todavía más fuerte, porque entras con una idea de arte contemporáneo que no es arte contemporáneo. Entender lo que hacen hoy los artistas supone un grado alto de voluntad de investigar, de aprender, una formación e implica visitar muchas exposiciones. Lo que está sucediendo hoy necesita de cierta perspectiva para que se pueda teorizar sobre ello. Cuando descubrí el arte contemporáneo me fascinó. A partir de ahí supe que me quería dedicar a acercar ese arte visionario, revolucionario muchas veces, a la ciudadanía, porque entiendo que no puede haber ese distanciamiento que hay en este momento.

"Hay que desmitificar. El artista no vive en una caverna esperando a que rayo de la creación le dé una idea"

¿Cómo es la relación hoy del público con el arte contemporáneo?

Creo que el galerismo tiene que cambiar igual que está cambiando la gestión cultural en general y el arte contemporáneo. Mis proyectos no siguen el modelo estándar de gestión cultural en Galicia, pero tengo claro que tienen que ir hacia esa apertura al público. Y eso lo ves en cada uno de ellos. Creo que un proyecto que a través de la experiencia dialoga con el público es muy importante. Las galerías siguen cohibiendo a la gente. Son salas de paredes blancas con una persona detrás de un mostrador. Y encima hay muchos estigmas sobre que el arte contemporáneo es súper caro. Hay obras de artistas emergentes que son muy asequibles. Al final, se trata de desmitificar. El artista contemporáneo no vive en un estudio ni en una caverna esperando a que el rayo iluminador de la creación llegue dándole una idea que va a cambiar el mundo. El artista contemporáneo va a la imprenta a imprimir unas fotografías, colabora con el carpintero que hace el soporte de una escultura... Es una persona normal que compatibiliza el arte con mil follones diarios, que tiene las mismas inquietudes que el resto de la ciudadanía y es una persona con la que se puede hablar.

Pero, ¿se compra arte?

Todavía es un momento complicado. Lo que sí ha cambiado es el perfil del comprador. En Galicia especialmente coleccionistas eran los arquitectos. La crisis inmobiliaria se ha cargado a los coleccionistas. Es un momento de cambio, pero también este mercado mutante ha hecho que los artistas varíen los formatos, vendan obras más asequibles. La obra múltiple se ha hecho mucho más vendible. El hecho de generar nuevos coleccionistas es una esperanza para que el mercado se pueda regenerar.

También escribe sobre arte.

La parte que más me gusta de mis proyectos es escribir esos textos que al final van a ser lo que el público recibe, que tienen que ser lo suficientemente interesantes, atractivos y clarificadores, porque si haces una crítica críptica no vas a llegar al público. Y al mismo tiempo tienen que recoger un poquito de cada artista y un poquito de la institución. Eres el vínculo que necesita el proyecto para que cada patita esté en su lugar.

Tienen algo de visionarios también los comisarios, ¿no cree?

Creo que tengo suerte en ese aspecto, porque al final tengo la capacidad de poder ver materializados mis sueños. Ver cómo cada uno de los artistas, de los visitantes ha contribuido a dar forma a algo que tú un día simplemente soñaste es algo mágico. Por eso me gusta estar en las visitas guiadas y los talleres que se organizan con cada exposición, porque ese feedback es impagable, estás recibiendo lo que provoca tu proyecto y eso es alimento para otros proyectos.

► "Con la desigualdad se acaba desde la inclusión" ◄

"Ser gestora y joven en Galicia tiene muchos inconvenientes, pero creo que el tiempo y el trabajo acaban poniendo las cosas en su sitio y yo he tenido mucha suerte en ese aspecto". Paula Cabaleiro es contudente: "Hay mucha desigualdad en el mundo del arte y es algo que quiero recalcar".

¿Se refiere al entorno de los artistas, a la gestión...?

Hay desigualdad en todo el sector, como en toda la sociedad hoy en día. Es una situación que en los últimos años ha ido perdiendo visibilidad, hasta el punto de que la sociedad está bastante anestesiada frente a una realidad que no es igualitaria. La lucha tiene que seguir siendo desde el trabajo diario y la visibilización del trabajo de las mujeres. En el caso del arte yo siempre he sido activista y feminista y mi forma de gestionar es una deriva de esa forma de ser. En el momento en que me doy cuenta de que en Belas Artes el 70 por ciento son mujeres choca que la realidad en el mercado sea la inversa. A muchas artistas les cuesta llegar a las galerías. Seguimos suponiendo muy poco porcentaje en exposiciones de los museos, y me parece grave que ocurra en los públicos. Y a nivel de gestión, es muy duro, pero en muchas ocasiones, cuando llegas a presentar tu proyecto, en los primeros diez minutos es más importante cómo llevas el pelo o cómo vas vestida que lo que estás diciendo. Es injusto. Al final, después de mucha batalla, consigues que ciertos estamentos te tomen en serio. 

¿Cómo combate esa desigualdad?

En la mayor parte de mis proyectos trato de garantizar esa paridad, pero no me cuesta porque en los proyectos con convocatoria pública, como Estudio Abierto, es aplastante la cantidad de mujeres que se presentan. Sin embargo, cuando haces una exposición con mujeres todavía se hace más hincapié en ese hecho que en la obra de cada una de ellas. Pienso que la forma de acabar con la desigualdad es desde la inclusión.

Perfil

El vínculo entre Paula Cabaleiro (Cangas, 1986) y el arte se remonta a los seis años. "Eso es culpa de mis padres, que me llevaron a clases de pintura de pequeña", confiesa. Alimentó su vocación de forma autodidacta hasta que inició la carrera de Belas Artes en la Universidade de Vigo. Completó su formación con el Máster en Arte, Museoloxía e Crítica Contemporáneas de la USC. Es codirectora de la feria de arte contemporáneo Cuarto Público y coordinadora del programa de residencias artísticas Estudio Abierto. Colabora en el proyecto Nos+otras en Red, del Museo Thyssen, y también como crítica de arte en una publicación china. En Pontevedra ha comisariado la exposición En (re)torno al paisaje, y el proyecto Mulleres en acción, con motivo del 25N.

NUEVOS PROYECTOS. Entre sus proyectos más inmediatos se encuentra una colaboración con la Fundación Camilo José Cela en la que doce artistas entablarán un diálogo con las distintas obras que acoge la entidad. También coordina una nueva exposición en Ourense en la que 16 autores experimentarán con el espacio. Acaba de ser invitada a participar en la dirección de la Fundación Florencio de la Fuente, que cuenta con un museo en el interior de un convento en Huete (Cuenca).

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sábado 21 de enero de 2017, 10:22
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