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Isabel Pantoja. efe Isabel Pantoja
►FESTA DO CARNEIRO AO ESPETO 
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Más de 3.000 comensales dieron buena cuenta de 161 carneiros ao espeto

El proceso que comenzó hace más de un mes, con la compra de los animales en diversos lugares de Galicia, Zamora y Benavente, finalizó este domingo en la Carballeira de Moraña

Galería XLVIII Festa do Carneiro ao Espeto de Moraña

Desde hace varias décadas se repite la misma liturgia: Suso García, conocido por el apodo de Muiñeiro, el mismo de su suegro, del que aprendió el oficio, se desplaza a varias localidades de las provincias de Pontevedra, Lugo y A Coruña para comprar los carneiros. De unas casa se lleva uno, y de otras, seis u ocho. Si no son suficientes, recurre a adquirirlos en Benavente y Zamora.

Deben cumplir dos exigencias: que su peso oscile entre 13 y 16 kilos, y que su edad sea superior a tres meses y no superen los siete. Ambas condiciones provocan que no siempre pueda aceptar todas las ofertas de compra que le hacen sus criadores.

Muertos y limpios, llega el momento de ensartarlos en las cruces de hierro sobre los que serán asados y poner a punto todo el instrumental y los productos necesarios para hacerlo. En este apartado figura un cargamento de madera de roble que Suso Muiñeiro compra y se encarga de convertir en achas de diversos grosor, que utiliza para hacer brasas o apurar el calor cuando lo necesita.

A las seis de la mañana se encendió el fuego y, como es habitual, el equipo de asadores que dirige realiza sus labores mientras los fotógrafos más madrugadores, profesionales y aficionados, captan las imágenes. Además de estar atentos para que el carneiro no se pase y que las brasas no dejen de desprender calor, también deben cuidar que nadie entre en el recinto, que tienen acotado, para evitar posibles accidentes.

De vez en cuando los rocían con agua salada, que los enfría y le da un mejor sabor a la parte exterior del carneiro. A los asadores les basta con observar el tono del tueste para saber en qué punto de preparación se encuentran, y no necesitan clavarle el cuchillo en la paletilla para comprobar si sale con marchas de sangre.

Este año tuvieron más trabajo que nunca, porque a los 141 carneiros que fueron reservados para comer en las mesas de la Carballeira se sumaron los veinte que se llevan vecinos de la localidad, para dar buena cuenta de ellos en otros lugares.

El número de comensales fue superior a 3.000.

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