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Solo Galicia y Madrid no tienen zonas de campo para alimentar aves necrófagas

Carecen de una propuesta de áreas protegidas para dejar cadáveres de ganado. La Xunta alega que no son convenientes

Buitre negro liberado en la Serra de San Mamede. AEP

Buitre negro liberado en la Serra de San Mamede. AEP

La organización agraria Asaja y SEO/BirdLife acusan a las autonomías de "desidia" por dejar de lado a los ganaderos extensivos y al mismo tiempo poner en peligro a los buitres al no haber legislado aún un reglamento para permitir dejar reses muertas en el campo para la alimentación de especies necrófagas. Y especifica que Galicia es la única comunidad junto a Madrid —cuyo parlamento aprobó en junio una iniciativa para instar al Gobierno regional a levantar el veto a la carroña —, que ni siquiera ha presentado una propuesta al respecto al Ministerio de Agricultura. La Xunta alega que se trata de una "excepción" normativa para la que "no existe demanda" de implantación y que, más aún, se desaconseja por las características del ecosistema y del sector ganadero gallego.

El origen de la situación está en las vacas locas: la encefalopatía espongiforme bovina, una enfermedad del sistema nervioso transmisible al ser humano y que, en España —donde generó gran alarma desde la aparición del primer caso en 2000 en Carballedo—, afectó principalmente a Galicia y Castilla y León. Ahora, la directora ejecutiva de SEO/BirdLife, Asunción Ruiz, ve "incomprensible que la desidia política esté abandonando a los buitres a su suerte" diez años después del veto al abandono de cadáveres en el campo y que, además, ocasione "perjuicios económicos" a la ganadería.

Según el delegado en Asturias de la asociación, Nicolás LópezJiménez, el caso es manifiesto en Galicia porque "se incumple la normativa estatal" aprobada en 2011 a fin de que todas las comunidades permitieran depositar en el medio natural cadáveres de reses de explotaciones en extensivo, con unas condiciones sanitarias y una ubicación "determinadas por los propios gobiernos regionales". Son las Zonas de Protección para la Alimentación de Especies Necrófagas de Interés Comunitario, fomentadas por la Unión Europea para la conservación de unas familias que, en Galicia, son el buitre leonado, el águila real, el alimoche, el milano negro y el milano real; aparte del lobo ibérico y, "potencialmente", el oso.

"Los cálculos del ministerio son que las necrófagas gallegas tienen una necesidad de biomasa anual de 131.117 kilos de carroña, por lo que tienen que irse mucho más lejos a comer, atacar en ocasiones a reses enfermas o debilitadas o lo que es más frecuente: comer en vertederos", advierte López-Jimenez. Por este motivo, reclama "que se apruebe la normativa cuanto antes", afirmando que aparte de cumplir con las directrices estatales y europeas y de favorecer la conservación de estas especies, "algunas de ellas muy amenazadas en Galicia como el milano real o el águila real", estas zonas de protección ayudarían asimismo a paliar otro conflicto candente en el sector ganadero: los ataques de lobo.

"Hace tiempo que solicitamos que se revise la normativa porque ha cambiado la situación y porque los ataques del lobo vienen en parte de la prohibición de los muladares", confirma el portavoz de Asaja en Lugo, Juan Pérez Orozco. El técnico aboga por la creación de zonas donde se puedan dejar piezas de manera controlada, ya que esto "podría bajar la presión de los predadores en ciertas zonas". No obstante, reconoce que se trata de un tema "delicado" sobre el que "no se puede generalizar", puesto que proporcionar este sistema de alimentación al lobo "puede hacer que la especie aumente", por lo que subraya la necesidad de que la Xunta desarrolle "un plan de gestión" para este predador.

Pero la amenaza podría no ser exclusiva de este animal. El año pasado, ganaderos del área de Mondoñedo y Ourol, que alberga la colonia de buitres leonados más estable de Galicia —en primavera y verano se observan bandadas más de un centenar de ejemplares— alertaban de que el aumento de su población podría derivar en ataques a las reses, sobre todo en los partos de vacas y yeguas; si bien aún no ha trascendido ninguno.

EXCEPCIÓN DESACONSEJADA. "No ha existido en Galicia demanda para regular esta excepción contemplada en la normativa comunitaria", zanjan desde la Consellería do Medio Rural, que indica que tampoco tiene constancia de "ninguna valoración específica" sobre el estado de las necrófagas en la comunidad que precise "una actuación crítica de aporte de alimento". Además, señalan que ya se admite una especie de alternativa a los muladares oficiales: la degradación in situ de los caballos muertos en los montes en casos en los que su recogida "suponga el uso de medios desproporcionados o riesgos para las personas".

Una de las principales razones que esgrime la Xunta para descartar los muladares es que, a la postre, se presentarían a la mesa comensales no deseados. "Los expertos desaconsejan, en cualquier supuesto, el aporte de alimentación suplementaria que pueda ser indirectamente consumida por el jabalí", explican en la consellería. Y lo mismo ocurre con el lobo. Al respecto, indican que es "errónea" la idea de que vaya a constituir una fuente de alimentación disuasoria de los ataques al ganado. "Múltiples estudios científicos demuestran que esas medidas tienen un efecto rebote’ sobre las poblaciones, incrementando el éxito reproductivo" y "generando una expansión exponencial de la especie", exponen en línea con la reflexión de Pérez Orozco.

Con todo, la Xunta estudia "un borrador de decreto" para delimitar zonas de protección, si bien apunta que, debido a que las autorizaciones solo atañen a la ganadería extensiva, serían "muy pocas" las granjas que podrían optar a este permiso en Galicia.

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