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La 'berrea': grito de lujuria otoñal

El rito de cortejo de los cérvidos se repite cada otoño en el parque natural de los ríos Saja y Besaya, en Cantabria

El rito del berreo se produce por la noche. TURISMO DE CANTABRIA

El rito del berreo se produce por la noche. TURISMO DE CANTABRIA

LA BAJADA de temperaturas característica de la llegada otoño trae consigo una peculiar música de viento a los montes del parque natural de los ríos Saja y Besaya, en Cantabria, donde los venados inician su rito e apareamiento conocido como la berrea. 

La berrea es la técnica de cortejo de los cérvidos para atraer a las hembras mediante berridos, aunque estos animales también utilizan, en ocasiones, sus cornamentas para intimidar a otros machos o impresionar a las ciervas. Los machos ganadores de estas pugnas reúnen sus propios harenes para las montas, aunque deben seguir protegiéndolas durante el tiempo que dure este proceso, de unas dos semanas. 

Sin embargo, para poder escuchar los berridos es necesario trasnochar o, como poco, madrugar, ya que este rito se produce durante la noche principalmente, como ha podido comprobar Efe. 

David Moro, guía del programade uso público de espacios naturales Naturea Cantabria, explica que una noche de berrea puede ser frenética, con "gritos cada dos segundos". 

Ese ‘berreo’, unido al desgaste que supone mantener al grupo dehembras junto y sus respectivas montas, provoca que los venados pierdan durante estas semanas mucha energía e, incluso, varios kilogramos de peso. 



Los venados más jóvenes y los más mayores, que no pueden competir con los adultos por tener menor musculatura y un astado menos fornido, disfrutan de "la segunda berrea", toda vez que los adultos ya han montado las mejores hembras, como precisa David Moro.

La berrea es un proceso de selección natural, por el que los mejores machos consiguen hembras con el objetivo de asegurar la continuidad de la especie con las máximas garantías posibles. 

El cortejo de los cérvidos cántabros se da en un entorno con abundante comida en forma de vegetación, agua y lugares húmedos para refugiarse durante el día, lo que convierte el Parque Natural Saja-Besaya en el paraje perfecto para estas relaciones endogámicas.

Las cuencas de los ríos Saja, Nansa y algunos afluentes del BeBesaya marcan la extensión de este espacio natural protegido en el corazón de Cantabria,  que ocupa 245 kilómetros cuadrados entre los municipios de Arenas de Iguña, Cabuérniga, Cieza, Hermandad Campoo de Yuso, Ruente y Los Tojos. El centro de interpretación del parque natural se localiza inmediatamente al sur de la localidad de Saja, en el kilómetro 13 de la CA-280 (Cabezón de la Sal-Reinosa), al comenzar la ascención al puerto de Palombera, en Los Tojos. 

Se puede decir que los ciervos de esta zona no tienen ni problemas de altura ni vértigo, ya que se les puede encontrar en zonas que oscilan entre los 300 hasta los 1.300 metros de altitud, en donde comparten hábitat con liebres, zorros o lobos, además de animales de uso ganadero —vacas de raza tudanca, fundamentalmente— y múltiples especies de aves. 



Además de constituir un espacio privilegiado para la fauna —de vez en cuando se ven osos pardos y aquí están los cantaderos más orientales del urogallo cantábrico—, el parque natural permite visitar emplazamientos modificados por la actividad humana como el conjunto histórico artístico de Bárcena Mayor, en el municipio de Los Tojos y una de las mejores representaciones de arquitectura popular del valle de Cabuérniga. En este territorio, durante la época de celo los cérvidos macho mantienen un carácter agresivo y, cuando dos de ellos se encuentran, pueden llegar a pelearse con sus astados convirtiéndose estos en un arma de doble filo. 

"A veces se enganchan y los dos mueren de hambre", señala David Moro, quien añade que habitualmente "intentan evitar la confrontación" por resultar perjudicial para ambos ejemplares. 

El guía natural recuerda también cómo fue necesario reintroducir en el parque natural, durante los años sesenta del siglo pasado, un grupo de ciervos procedentes de los Montes de Toledo después de que se redujera el número de ejemplares en la zona de los ríos Saja y Besaya hasta casi desaparecer. 

Sin embargo, las berreas han dado sus frutos desde entonces, ya que hoy en día la situación del ciervo en la comunidad autónoma de Cantabria no muestra problemas de supervivencia e incluso algunos años es necesario que se lleve a cabo un descaste. 

El descaste es una forma de controlar la población de una especie mediante la caza, que en el caso de los cérvidos suele realizarse mayoritariamente sobre las hembras. La edad máxima que suele alcanzar un venado es de doce años, mientras que las ciervas pueden vivir hasta los veinte. 

Esta cacería sucede de vez en cuando porque el ciervo cántabro no cuenta con un depredador natural que pueda "mantener a raya" un número adecuado de berreantes para sostener el ecosistema. Por ejemplo, Moro considera que no hay lobos —ni otros depredadores— suficientes para controlar la población de ciervos. 

Se sabe que la berrea está llegando a su fin cuando, según señala Moro, los machos "ya se dedican a pastar y las hembras se desperdigan" y dejan de ir juntas en grupos, lo que suponen pruebas inequívocas de que las brañas del Saja-Besaya están volviendo a la calma y al silencio habitual. 

Con la brama final empieza el periodo de espera, que terminará en 235 días con el nacimiento de un cervatillo —casi siempre uno, porque los partos múltiples son infrecuentes—, aunque en un año se volverán a escuchar los berridos de unos animales con un encanto especial para seducir berreando.

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