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Delirios lingüísticos

EL POLIFACÉTICO José Mota divirtió a los espectadores de TVE en la noche de fin de año con el show Operación: and the andarán y uno de los sketchs más logrados fue el realizado en la sede del PSOE en donde, caracterizado del actual portavoz, dirigió unas palabras al auditorio que no tienen desperdicio:

"Amigos y amigas, estoy encantado de dirigirme a vosotros y vosotras, militantes y militantas, votantes y votantas porque lo importante y lo importanta es que dejemos constancia y constancio ante los españoles y españolas de que nuestros y nuestras valores y valoras son los de los pueblos y pueblas de España y Españo. Y que sepan que los problemas y problemos tienen soluciones y solucionas para todos y para todas. Para los obreros y las obreras, para los profesionales y las profesionalas, para los directores y directrices, codornos y codornices…. Bien, quisiera acabar o acabara diciendo que me despido dando ánimos y ánimas a todos y a todas. Así que, suerte y al toro. O a la vaca".

¿De verdad alguien cree que el nombre genérico representa un uso sexista del lenguaje que mantiene la relación de poder del hombre sobre la mujer?

Genial. Una parodia sublime de esa moda del desdoblamiento del lenguaje que empezó con "jóvenes y jóvenas, miembros y miembras" y continúan ahora políticos, sindicalistas y otros personajes que ignoran el significado gramatical de nombre genérico cuyo uso es tan normativo como la declinación de los nombres o la conjugación de los verbos.

Entre los muchos ejemplos de esta corriente de modernidad e ignorancia, que nadie utiliza en la vida real, sobresale el de la Junta de Andalucía que dictó unas normas para la enseñanza -"sandeces de grueso calibre", dice el académico Luis María Anson- que obligan a los profesores al desdoblamiento de género para evitar la discriminación de la mujer. Andalucía ocupó el último lugar en el Informe PISA.

Aquí en Galicia en las elecciones de setiembre la gente -¡o la genta!- quedó saturada con la retahíla "galegos e galegas, candidatos e candidatas, interventores e interventoras, apoderados e apoderadas, todos e todas" y otros delirios de un pretendido lenguaje no sexista que pisotean aspectos gramaticales o léxicos asentados.

De verdad, ¿alguien piensa que con estas duplicidades, reiterativas y cansinas, se lucha con más eficacia contra la discriminación de la mujer? ¿Alguien cree que el nombre genérico representa un uso sexista del lenguaje que mantiene la relación de poder del hombre sobre la mujer?

Si es así, que los dioses amparen su ignorancia que, seguro, les hace más felices.

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