Opinión
CRÓNICA POLÍTICA GALLEGA 
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Feijóo apunta de nuevo hacia Madrid

El presidente de la Xunta vuelve a xhibir sus aspiraciones en la capital de España, según la hoja de ruta que trazó hace tiempo su mentor, Romay, al que homenajeó el pasado lunes

ANTES DE llegar AL culminante momento Darth Vader, en el que declaró a Feijóo su hijo político, en su discurso de agradecimiento por la máxima distinción de la autonomía José Manuel Romay Beccaría comparó el lunes a Juan Carlos I con Abraham Lincoln y a Rafael Nadal, con Winston Churchill, así como a Miguel Ángel Blanco con Anna Frank, paralelismo éste que sí resulta natural, al conectar a dos víctimas de la barbarie.

En una intervención singular, personal y por tanto controvertida, en tiempos de soporíferos recitados de textos escritos por asesores, salteados de citas de autores nunca leídos, Romay rompió moldes al recibir la medalla de Galicia. En español, con algunas frases en gallego como la de la loa a las vacas, proclamó que Amancio Ortega "demostró que sí se puede", ensalzó a González como "el político más formidable que la izquierda ha ofrecido jamás a España" y calificó a Fraga de "gigante cuyos Austerlizts fueron muchos menos que los Waterloos. Y eso lo digo yo, que estuve allí". Estas referencias napoleónicas, en forma de respectivas alusiones a la mayor victoria y a la debacle definitiva del corso, intrigan. Parecen un ajuste de cuentas cifrado, al presentar a Fraga como el perdedor que fue en la política española y no como el ganador insuperable en el que se convirtió en la gallega, aunque su consulado terminase con la derrota de las elecciones de 2005 que el vilalbés definió como "este Waterloo".

Sería muy interesante que el ex de todo, como le llamaba Cacharro Pardo y que hasta es expresidente del Consejo de Estado que preside a los 83 años, escribiese sus memorias y comentase episodios como los que este cronista presenció, por ejemplo el de mediados de los 90 cuando Fraga lo llamó en medio de una inauguración para entregarle su gabán o cuando le torció la cara en un acto del partido un decenio después, cuando ya lo había enviado a Madrid. Antes había sido su más estrecho colaborador desde el Ministerio de la Gobernación en la transición, hasta la etapa del fraguismo autonómico. Entonces Romay fue conselleiro de Agricultura y Sanidade, con Feijóo en la sala de máquinas, como secretario xeral.

Romay hizo esa misma carrera, pero en el franquismo, como secretario general de Sanidad (1963-1966) y subsecretario de Presidencia (1974-1975). Se trata de la parte de su currículum omitida en el acto de entrega de las medallas. El betanceiro, que tras la desaparición de Fraga aparece como el último superviviente de la dictadura en las principales instituciones del Estado, enumeró "las tres cosas esenciales para sobrevivir en política: prudencia, prudencia y prudencia". Feijóo sonreía. De él habló como "ese otro hijo, que representa también todos mis años políticos".

No sorprende que el de Os Peares haya rendido tributo a su maestro, sino el tiempo que ha tardado y que lo haya hecho en una edición de las medallas muy escorada a la derecha, al coincidir con Miguel Ángel Blanco, el mártir del PP; Cavaco Silva, que salió desgastadísimo de la presidencia portuguesa al representar al conservadurismo insensible ante el terrible sufrimiento social del rescate, y la presidenta de Ocaso, Isabel Castelo, condesa viuda de Taurisano.

"Esto es el comienzo de grandes cosas. Alberto no se va a quedar aquí", le dijo Romay en 2009 a una persona que se resistía a entrar en la Xunta de Feijóo. En 2017 éste sigue en Galicia. Tras meses de ninguneo por parte de la dirección central del PP, que no reconoce que salvó a Rajoy en 2016, el de Os Peares ha levantado la voz, al decirle a Europa Press que sus aspiraciones políticas están "intactas" y reforzadas por la mayoría absoluta. Vuelve a apuntar hacia Madrid. Nunca dejó de hacerlo. Solo se replegaba.

No hay dos En Marea, sino tres, la autóctona, la mestiza y la federal
Las fiestas paralelas de los ‘villaristas’ en Vista Alegre y de Anova en Galeras del Día da Patria reforzaron la imagen de que hay dos En Marea. Pero son tres, pues faltaba la de Podemos, que hizo un acto en A Estrada, y de EU, que lo organizó en Mugardos. Hay la autóctona, de Villares y sus afinadores, la mestiza, de la Anova de Antón Sánchez y Beiras, y la federalista, de Podemos y EU.

El primer sanchismo de Villoslada y el segundo de Gonzalo 
Como el primer Pedro Sánchez, que se lanzó a las primarias de 2014 con las cartas marcadas gracias al respaldo de la entonces todopoderosa baronesa del sur de España Susana Díaz, Juan Díaz Villoslada, pese a ser todo un desconocido, afronta la carrera hacia las elecciones internas del PSdeG del 1 de octubre con la vitola de favorito, fruto del apoyo del ahora mismo gran barón del socialismo gallego, el señor de la chimenea, Valentín González Formoso, y por lo que parece también con el aval del todavía influyente en la sombra Gómez Besteiro. E incluso, a diferencia de los otros dos precandidatos, no despierta la abierta hostilidad del caudillo vigués, Abel Caballero.

De igual modo que la andaluza puso a Pedro para parar a Eduardo Madina sin salir de su cacicato, Formoso apuesta por Villoslada, quien, por más que se esfuerce por parecer un candidato de las bases, según la moda imperante en el PSOE, encarna el primer sanchismo, el que pereció en el comité federal cuando los barones lo decapitaron. En realidad fue una ejecución fallida, pues, como al mismo tiempo los barones le hicieron la respiración asistida a Rajoy, Sánchez pudo resucitar, ya en una nueva vida, la del candidato de las bases que, tras perder incluso a sus más cercanos colaboradores como César Luena y Óscar López, venció en las primarias de mayo con un discurso de rebeldía contra el establishment, representado por el conservadurismo de nuevo cuño del diario El País.

Esta segunda versión del sanchismo es la que trata de encarnar Gonzalo Caballero, el sobrino díscolo de su tío, antiguo líder del eterno y más testimonial sector crítico del PSdeG. Gonzalo se ha lanzado a una gira por Galicia para emular la de Pedro por España, con la misma técnica de llevar seguidores para asegurar llenos en salas pequeñas, en las que, de todos modos, genera entusiasmo. Su mayor problema reside en su apellido, que le pone en contra a los más acérrimos seguidores de su tío, y alerta a sus detractores, que ven en él una réplica.

En medio de las versiones gallegas del primer y segundo sanchismo se sitúa el portavoz parlamentario Xoaquín Fernández Leiceaga, el más preparado y solvente de los tres precandidatos pero lastrado por el peor resultado en escaños de la historia del PSdeG. Sin embargo, su mayor problema no reside tanto en sus 14 diputados como en que perdió el apoyo de los barones, de Formoso y Besteiro, cuyas clientelas fueron las que le dieron la victoria en las primarias del año pasado para elegir al candidato a la presidencia de la Xunta, triunfo al que contribuyó también su desastroso rival, Romeu.

Otro puntal de esa victoria de Xocas fue Gonzalo, tras quedar fuera porque no juntó los avales necesarios. Ahora no parece tener ese problema, porque, por la vía del sanchismo, extendió su red por Galicia. Leiceaga, que fue de los primeros en tener claro que Sánchez resucitaba, perdió su ocasión al permanecer neutral en las primarias de mayo. Ahora la duda reside en si Leiceaga y Gonzalo pueden volver a unirse y quién sería el candidato.

Pero la gran cuestión es si está vigente el modelo de las primarias gallegas del 2016, que decidieron los barones, o el de la rebelión de las bases de 2017. Más bien parece lo primero, aunque está por ver.

Comentarios

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Costadamorte lunes 21 de agosto de 2017, 18:22
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Boísima análise!... Agora..., sobre o das aspiracións de Feijoo... Non haberá mais "fotos"?... É moi poderosa a pequena, penso que foi ela quen filtrou as fotos, agora penso que foi quen retirou a Cifu en canto escomezou a asomar a patita..., deixará seguir a Albertiño?... O da Marea demasiado obvio e simple..., hai que afondar mais... O do PSdeG..., CLAVADIÑO!...